Todos tenemos esos momentos en los que algo en lo que estamos trabajando se queda atascado a la espera de la opinión de otro miembro del equipo.
Cuando un compañero nos pide información o consejo, la mayoría solemos estar encantados de compartir nuestra experiencia. Pero si nunca nos lo piden, si no estamos disponibles o si hemos dejado la empresa para empezar un nuevo trabajo en otro lugar, entonces no podemos compartir lo que sabemos. Y eso genera frustraciones e ineficiencias que, en conjunto, acaban pasando factura.
Este informe cuantifica económicamente esas ineficiencias. Encuestamos a 1001 empleados estadounidenses de diversos sectores para conocer a fondo sus experiencias al utilizar (y al tener que prescindir de) el conocimiento institucional de sus compañeros. Descubrimos que las empresas sufren las consecuencias de la falta de conocimiento compartido de dos maneras: primero, al dificultar la incorporación de nuevos empleados y, segundo, al reducir la productividad del trabajo diario.
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